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EN
MOVIMIENTO. 'NO CREO QUE LA PINTURA SOBREVIVIRA A TODO.
PRIORIZO LOS CONTENIDOS Y CREO QUE LA FORMA SE VA ADAPTANDO
A ESTOS', DICE KERSTEN.
A FONDO: ANNE KERSTEN: CURADORA DE ARTE
Nada es hoy más dinámico y difuso que los criterios que
determinan qué es arte y qué no. Pero algo permanece
intacto: su aptitud para despertar reflexiones novedosas que
iluminan la vida de una manera original.
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Es nuestra otra naturaleza. A veces hasta la religión
verdadera. El arte es venerado y consumido, es provocación y
muchas veces frustración. ¿Qué puede hacer el arte con
nuestra sensibilidad, qué puede estimular para reformar
nuestro modo de relacionarnos con el entorno?
Anne Kersten propone respuestas a estas preguntas. Centra su
trabajo en la relación entre el espacio urbano y el rural,
así como entre el arte y la ecología. De esto dan cuenta las
exposiciones que curó colectivamente Animalcity -Animales en
la ciudad, 2006- y Green Dreams (2007) en el Kunstverein
Wolfsburg. Es co-curadora del festival de arte y ciencia
Phaenomenale. Invitada por el Goethe-Institut visitó Brasil
y la Argentina, donde participó también del Laboratorio de
Experimentación en Prácticas Artísticas Contemporáneas del
Centro Cultural Ricardo Rojas.
Uno de los rasgos de nuestra época es el empobrecimiento de
la experiencia y el avance del consumo por sobre todos los
planos. En este contexto, ¿qué puede hacer el arte para
despertar nuestras sensaciones y experiencias?
El arte puede hacer mucho porque es capaz de "bajar a
tierra" todas las zozobras que la vida nos genera. Lo puede
hacer en la medida que una y otra vez reflexiona y permite
reflexionar sobre las irrupciones de fenómenos como el
consumo, por ejemplo, y las marcas que dejan en nosotros.
Actuando así, el arte es capaz de reestablecer cierto
equilibrio en nuestras vidas. Cuando los visitantes de una
exposición tienen real y honda percepción del trabajo
artístico, pueden generar reflexiones nuevas sobre hechos
particulares y sociales, iluminarlos de una manera original.
El sociólogo Niklas Luhmann concibió al arte como un sistema
cerrado que multiplica sus comunicaciones de un modo
autónomo al resto de los sistemas sociales. De ser así,
¿cómo el arte podría cumplir funciones políticas y sociales,
como usted sugiere?
En lo personal, me preocupo por no actuar exclusivamente
dentro de los límites de ese sistema cerrado y de hecho sigo
más bien las ideas de otros sociólogos que no piensan el
arte como un sistema clausurado. Existen escapes, poros o
puertas abiertas en el sistema que permiten un intercambio
permanente con el exterior y con el resto de los sistemas.
¿Cómo se refleja eso en sus proyectos?
En el marco de mi trabajo en el Kunstverein Wolfsburg, por
ejemplo, actuamos en conjunto con otras instituciones o
grupos, muchos de los cuales no tienen nada que ver con el
arte. Es que un objetivo clave es acercar un nuevo público
al arte.
¿Cómo piensa la relación entre el arte y la tecnología?
Es un tema muy actual que ofrece infinitas posibilidades de
exploración. Con mi grupo de trabajo, justamente, creamos un
festival de arte y ciencia, Phaenomenale, que tuvo lugar por
primera vez en 2007 y del cual soy co-curadora. El festival
reúne una institución artística con un museo de ciencias
buscando congregar estos dos ámbitos desde niveles diversos
(música, arte, workshops). El festival en sí tiene lugar en
un emplazamiento industrial, lo que lo vuelve especialmente
atractivo y convocante.
En el mundo antiguo, arte y técnica estaban integrados,
pertenecían a una misma esfera en la cual el conocimiento
ocupaba un lugar central. En la modernidad se diferencian la
ciencia y la técnica del arte. ¿Es posible que estas
escisiones se superen?
No creo que estas esferas puedan volver a estar
completamente unidas, pero sí que las interrelaciones sean
cada vez más estrechas. Se observan indicios de esta
evolución en determinadas exposiciones en las que la ciencia
constituye una base fundamental para mostrar la labor
artística.
Usted se encuentra trabajando en la muestra Green Dreams
(17.11.07 - 10.02.08 en el Kunstverein Wolfsburg) que
aborda, desde el arte, la problemática del medio ambiente.
¿Qué tipo de trabajos organizan una visión artística sobre
este tema?
Por un lado, es importante el trabajo de documentación. Por
el otro, me interesa mucho cuando los artistas trabajan en
forma efectivamente intervencionista, esto es, cuando
realmente intervienen sobre el medio ambiente y, más aún,
cuando involucran al público.
En su propuesta se tienen en cuenta elementos como la
basura. ¿Cómo se juega con la producción de reacciones a
partir de conmociones a nuestros sentidos, a partir de un
desplazamiento de la belleza -que era dominante en el arte
clásico- hacia la repugnancia?
En nuestra muestra, la idea de la basura se presenta en el
contexto del movimiento ecologista y de su evolución a lo
largo de los últimos 30 años. La idea de la basura tiene que
ver con cómo se relaciona el hombre con aquello que produce
y que se vuelve un problema que hay que "depositar" en algún
lugar. Esa reflexión nos lleva a preguntarnos por nuestra
relación con el ambiente y nos ayuda a identificarnos con
éste. Buscamos llevar a las personas a la reflexión pero no
en forma brutal (en el límite de la repugnancia, por
ejemplo), porque creo que hay formas más inteligentes de
hacer reflexionar al público.
¿Cómo pensar la relación entre el arte y la naturaleza en
nuestra época? Las galerías de arte, los museos se
encuentran en las grandes ciudades; en nuestro paisaje
predomina el cemento, el hierro, el cristal. ¿Usted cree que
el arte puede devolvernos la naturaleza?
No estoy segura de que el arte pueda devolvernos la
naturaleza que hemos perdido. Quizá no sea su función.
Quizá, como otras disciplinas, lo que puede hacer el arte es
ayudar a promover una mayor comprensión de la importancia de
gozar y respetar a la naturaleza. No debemos sobreestimar el
rol ni las posibilidades del arte en lo que se refiere a
esta cuestión. Muestras como Green Dreams, por ejemplo,
pueden llamar la atención sobre la naturaleza y sobre "lo
que uno era". Incluso, narrar una historia al respecto y,
por qué no, iniciar algún cuestionamiento. Es decir que a lo
sumo se puede incitar a las personas a que reaccionen y se
interroguen sobre esta problemática. No es que tengamos la
obligación de conectar la naturaleza y la cultura, porque es
cierto que la producción cultural ocurre y seguirá
ocurriendo en las ciudades. Pero me interesa recuperar la
mirada sobre una imagen cultural de la vida rural, sobre
todo en el contexto de las actuales transformaciones
demográficas.
¿El arte, entonces, puede ser nostalgia de una vida en la
naturaleza?
Es cierto que esa imagen nostálgica es la que parece
buscarse constantemente. Se busca presentar lo rural como la
última huella de un pasado que se pierde. Sin embargo, esa
imagen nostálgica es la que menos me atrae. Intento más bien
ofrecer una imagen materialista, una mirada realista de esas
transformaciones demográficas de las que hablaba, recrear e
incluso crear una imagen nueva de la naturaleza, de lo
rural.
¿Cuál es su opinión acerca de los usos y abusos de
instalaciones y performances, de estos estilos de
convocatoria artística tan usuales en nuestra época y que a
veces parecen dar cuenta de criterios estéticos tan ligeros
como efímeros?
Instalaciones y perfomances vienen desde los años 60. Es
decir que ese estilo goza de una tradición relativamente
larga. Hoy más bien se han puesto de moda los proyectos
artísticos a través de Internet. Las formas se van
transformando. Para ser sincera, no creo en la forma
absoluta del arte, ni que la pintura ha de sobrevivir a
todo. En materia de arte priorizo los contenidos y creo que
la forma se va adaptando a éstos. Pero volvamos sobre
Internet: Pensemos en las prácticas artísticas en torno de
Second Life; es imposible saber cómo van a evolucionar o por
cuánto tiempo más persistirán, pero lo que sí es seguro es
que tarde o temprano llegará una forma nueva. En lo personal
busco dar cuenta de fenómenos sociales y la forma que elijo
es aquella que me brinde el momento.
La relación entre el arte y la publicidad es ambivalente. El
mundo de las imágenes parece estar siendo colonizado por el
discurso publicitario. ¿Esto hará que el arte de hoy mañana
sea utilizado por la publicidad, de modo que el arte se
vuelva una mercancía más?
Creo que la publicidad o el comercio implican una amenaza
algo difusa, porque ambos implican sistemas de intercambio:
me das algo, te pago a cambio. En el arte, no es tan
sencillo que funcione este mecanismo de intercambio. Lo que
quiero decir es que no veo la amenaza de la publicidad
ceñida al arte, sino que creo que la verdadera amenaza
consiste en que todos los ámbitos de la vida pasen a
sustentarse en este intercambio netamente económico. Por eso
le decía que creo en el arte como factor de reequilibrio,
como posibilidad de generar espacios de reflexión sobre el
mundo que nos toca vivir.
Claudio Martyniuk. Diario Clarin
Traducción: Carla Imbrogno. |