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Por Cecilia Castro
para el Diario Clarín del día Domingo 9 de Noviembre de
2003. Sup. Económico.
Un
millón cincuenta mil. Esa es la cantidad de sitios que
aparece en los buscadores al tipiar "Picasso". El sujeto de
tanta veneración digital murió en 1973 ajeno al nuevo mundo
de bits y píxeles que se avecinaba y que lo tendría por uno
de sus ciudadanos ilustres.
Uno de los sitios que lleva su apellido se gestó en una
computadora instalada en el rincón de una habitación
adolescente, en Quilmes. Desde allí, Gastón Pezzi (20),
maneja los hilos de Picassonet.com, un sitio que exhibe
obras de artistas argentinos y extranjeros con potencial
pero sin fama. Jóvenes talentosos aunque
desconocidos."Quería juntarlos a todos en un sitio", cuenta.
Con esa idea empezó a trabajar hace dos años. Arrancó con el
Front Page, un programa casero de diseño Web, que aprendió a
usar con el manual en una mano y el teclado en la otra. El
primer nombre del portal fue Ciudad Artística.
"Yo estudio abogacía y no tenía ninguna formación artística.
Pero tengo amigos profesores de Bellas Artes y me
contactaron con pintores de acá, de Quilmes".
Así, los visitó casa por casa con una cámara digital y les
sacó fotos de las obras. "Empecé con dos pintores. El
acuerdo era que los ponía en la página sin cobrarles pero me
tenían que pagar una comisión del 15 por ciento por cada
obra vendida".
En un principio fue el marketing directo y a pulmón. "Iba a
los concursos de arte y les ofrecía a los ganadores
participar en el sitio como parte del premio". La promoción
también incluyó el diseño y el reparto de volantes y algunas
calcomanías pegadas en los autos de amigos, parientes y
conocidos.
"De a poco me fui metiendo más y más en el tema y la gente
me empezó a conocer".
Ahora el sitio se llama Picassonet.com para darle un nombre
global que permita participar a gente de otros países.
El mes pasado facturó 10.000 dólares y, aunque sigue
trabajando en su habitación en la casa de sus padres, este
año Pezzi sumó a su emprendimiento a un programador, una
diseñadora, una traductora, un decorador, cuatro curadores y
hasta un gerente de marketing y relaciones internacionales
que controla a la gente que trabaja para el sitio en España,
México y los EE.UU.
Hoy el portal tiene cien artistas registrados, treinta y
cinco de ellos extranjeros. Los locales pagan $ 100 al año
para figurar en el portal y los extranjeros, US$ 100. Las
obras se venden a un precio promedio de US$ 500 y el sitio
se queda con una comisión del 10%.
El perfil de los compradores es variado: desde gente que
sabe de arte hasta decoradores. Fue el caso de un bar
temático de Miami, que les compró veinticinco cuadros para
ambientar el lugar.
También hay quienes compran con la idea de invertir. Los que
buscan hacer una diferencia a largo plazo apuestan al
talento de artistas jóvenes aún no consagrados, que tienen
tiempo para alcanzar mejores cotizaciones.
Mercedes Fariña, una de las expositoras de Picassonet, ya
vendió obras suyas a Fortabat y Costantini, cuenta Pezzi,
aunque no por medio de la página, aclara.
Desde que el comprador ve la imagen en el monitor de la PC y
hace doble click hasta que la obra cuelga en su living hay
que cumplir algunos pasos.
El primero es completar un formulario que llega hasta la
habitación de Pezzi. Con los datos en la mano, el webmaster
del arte se pone en contacto con él y le informa sobre los
costos del envío y el plazo que tardará la obra en llegar.
También se ponen de acuerdo en la forma de pago (tarjeta de
crédito, pay pal —un sistema de pago por Internet muy usado
en los EE.UU. y Europa— o mediante cuentas bancarias).
Cuando el comprador da el OK, desde el sitio llaman al
artista, que es quien embala la obra (porque es el que mejor
la conoce), y se la envía al comprador. Al recibirla, el
cliente tiene siete días para devolverla. "Es una garantía
que damos", dice Pezzi.
Con el mouse se pueden comprar desde pinturas y esculturas
hasta fotografías, arte digital, grabados, dibujos, objetos,
instalaciones y collages.
Con un bar temático y un centro de exposiciones piensan
saltar del mundo virtual al real. Ese donde tantos artistas
desconocidos sueñan con ser Picasso y con tener un millón
cincuenta mil sitios en su honor |